A mediados de la década de 2000 en Mindanao, casi tres de cada diez adultos filipinos fumaban, y los fumadores del estudio gastaban alrededor de 100 pesos a la semana en cigarrillos, cerca del 15 por ciento del ingreso de un mes. La mayoría quería dejarlo: el 72 por ciento dijo que esperaba dejarlo algún día, y el 45 por ciento lo había intentado en el último año. Lo que la región les ofrecía era información —folletos sobre los peligros del tabaco y consejos para dejarlo—, que por sí sola casi no movió a nadie.
Los bancos rurales vendían cuentas de ahorro, no cambios de comportamiento, y nada en el entorno local permitía a un fumador ponerle precio a su propia determinación. Los investigadores Xavier Giné, Dean Karlan y Jonathan Zinman, trabajando con Innovations for Poverty Action y el Green Bank of Caraga en Agusan del Norte, sospechaban que el ingrediente que faltaba no era la motivación sino el compromiso: una forma de que la persona que quería dejarlo obligara a la persona que, en seis meses, querría un cigarrillo.
CARES —Committed Action to Reduce and End Smoking (Acción Comprometida para Reducir y Terminar con el Tabaquismo)— era una cuenta de ahorro voluntaria que un fumador abría con un depósito elegido por él mismo (mínimo de 50 pesos, alrededor de un dólar), al que se lo animaba a ir sumando el dinero que de otro modo habría gastado en cigarrillos. Seis meses después, un análisis de orina detectaba nicotina y cotinina: si aprobaba, recuperaba cada peso; si fallaba, el saldo se perdía a favor de una organización benéfica.
Permitir que los fumadores apostaran su propio dinero en una cuenta de ahorros, que se perdía a favor de una organización benéfica si fallaba un análisis de orina: la aversión a la pérdida hace el trabajo que la fuerza de voluntad no podía hacer.
El depósito convirtió una determinación abstracta en una pérdida concreta y propia.
La aversión a la pérdida hizo el trabajo que la fuerza de voluntad no podía hacer en el momento del antojo.
El análisis de orina cerró la laguna del autoinforme; nadie puede negociar con la cotinina.
La pérdida a favor de una organización benéfica mantuvo honesta la penalización, porque el banco no ganaba nada con el fracaso.
Quienes aprobaban recuperaban todo, así que el que dejaba de fumar no perdía nada salvo el hábito.
Cuando las personas tienen la intención de persistir pero recaen, véndales un contrato que haga que el fracaso les cueste dinero real, verificado objetivamente.
El 11% se inscribió; los firmantes tenían 3 puntos más de probabilidad de estar limpios a los seis meses, y seguían más limpios en análisis sorpresa un año después.
CONSULTA LAS PRUEBAS
Las fuentes
- Put Your Money Where Your Butt Is: A Commitment Contract for Smoking Cessation American Economic Journal: Applied Economics · aeaweb.org
- CARES Commitment Savings for Smoking Cessation in the Philippines Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL) · povertyactionlab.org