En octubre de 2014, los ciclistas y peatones que pasaban por un punto de la calle principal de Lillestrøm, Noruega, fueron detenidos por funcionarios locales, no para multarlos, sino para entregarles dinero en efectivo. El «peaje inverso» de la localidad daba a todo el que se desplazaba sin coche un billete de 100 coronas, unos 15 dólares.

La cantidad no era arbitraria: investigaciones de la agencia nacional de salud de Noruega muestran que el transporte activo ahorra al gobierno unos 8 dólares por cada kilómetro que camina un peatón y unos 4 dólares por kilómetro en bicicleta, de modo que, para un trayecto medio, el ahorro equivale aproximadamente al peaje inverso. El alcalde Ole Jacob Flætene lo expresó con claridad: «lograr que la gente camine y vaya en bicicleta es rentable para la sociedad... beneficioso para nuestra salud, para el medio ambiente y para el sistema de transporte».

La acción era un argumento demostrativo: mostrar a los ciudadanos la subvención que sus pies ya generan para que fueran más propensos a apoyar mejoras como nuevos carriles bici. Lillestrøm, votada tres veces como la mejor localidad ciclista de Noruega, ya había construido una red de carriles bici y ese año puso en marcha un plan para aumentar los desplazamientos a pie, junto con estaciones de carga de hidrógeno y una flota gubernamental de cero emisiones.

Invertir el peaje: pagar en efectivo a quienes no conducen una cantidad igual al ahorro social que genera su trayecto, para que los ciudadanos sientan la subvención que los coches evitan y respalden mejores infraestructuras.

El ahorro de caminar y de ir en bicicleta revierte en la sociedad, no en el caminante, por lo que los ciudadanos nunca habían visto el valor que crean sus trayectos.

El encuadre del peaje hace el trabajo retórico: los conductores pagan por las carreteras, así que pagar a los peatones el equivalente hace física la asimetría.

El efectivo a la vista es una historia que la gente cuenta, y así es como un pago puntual se convierte en apoyo al gasto en infraestructuras.

El tamaño del pago se calibró con investigaciones nacionales publicadas, lo que convirtió la acción en un argumento económico y no en un truco.

Una externalidad invisible no convence a nadie: convierta el ahorro social de una buena conducta en efectivo entregado en el acto y transformará a los beneficiarios en partidarios de las infraestructuras.

Fast Company informó del experimento como una prueba de pocas semanas; el artículo no registra ningún cambio medido en actitudes o trayectos, pero Lillestrøm continuó su impulso al transporte activo con un nuevo plan para caminar ese mismo año.

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Las fuentes

  1. A Norwegian Town Paid People A 'Reverse Toll' If They Walked Or Biked Fast Company · fastcompany.com ·