La Dra. Anna Goldman oía una y otra vez que sus pacientes no podían pagar la electricidad de la que dependía su atención médica: camas de hospital, máquinas de asistencia respiratoria, carga de sillas de ruedas, refrigeración. La cama de hospital domiciliaria de un paciente consumía tanta energía que la compañía eléctrica estaba a punto de cortarle el servicio. Los médicos del BMC escribieron casi 1.700 cartas a las compañías de servicios públicos en un año pidiéndoles que mantuvieran el gas o la electricidad de los pacientes.

Goldman y Bob Biggio, director de sostenibilidad del hospital, fueron un paso más allá: hileras de 519 paneles solares en la azotea de un edificio de oficinas del Boston Medical Center. El hospital utiliza la mitad de la energía que generan; el resto va a 80 pacientes de bajos ingresos con necesidades médicas crónicas y complejas en forma de un crédito de unos 50 dólares al mes en sus facturas de servicios públicos.

Biggio ha identificado casi 11 millones de dólares en energía solar adicional —marquesinas de aparcamientos y otras superficies del campus— que podría ampliar los créditos a diez veces más pacientes, algo factible siempre que continúe la asistencia federal para la energía solar. Goldman lo plantea con la misma lógica que el huerto de verduras para pacientes del hospital: producir las cosas de las que dependen los resultados de salud.

Tratar la electricidad como medicina: generarla en la azotea del hospital y recetarla como crédito en la factura de servicios públicos a los pacientes cuya salud depende de ella.

La inseguridad energética es un riesgo médico: los problemas respiratorios, el malestar mental y la pérdida de sueño se relacionan con facturas inasequibles.

El hospital ya era dueño de la azotea; el costo marginal de los créditos fueron paneles que de todos modos quería por sostenibilidad.

Las cartas de los médicos podían detener los cortes, pero no las facturas mismas; los créditos atacan la causa, no el síntoma.

Enmarcar la energía como parte de la misión permitió que un proyecto inmobiliario funcionara a la vez como intervención clínica.

Los bienes inmuebles de un hospital son un activo clínico. Los determinantes sociales de la salud pueden atenderse desde la azotea, el huerto o cualquier otro espacio que la institución ya posea.

El BMC está evaluando casi 11 millones de dólares en energía solar adicional en el campus —incluidas marquesinas de aparcamientos— que multiplicaría por diez los créditos. Un funcionario de salud de la administración de Biden calificó de "realmente innovador" conectar a esos pacientes con energía limpia que reduce las facturas, y la paciente Kiki Polk descubrió que sus médicos tenían "esa influencia".

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Las fuentes

  1. Why a doctor had to figure out a way to prescribe electricity NPR · npr.org ·