Todas las cocinas de restaurante expulsan enormes cantidades de calor directamente al cielo, y la razón es sencilla: el aire de escape está cargado de grasa y hollín, que se adhieren a las superficies de los intercambiadores de calor convencionales y los inutilizan. Como explica Arne Speerfork, profesor de termodinámica de la Universidad Técnica de Hamburgo, en el reportaje de la BBC, esa contaminación es la razón por la que el aire caliente producido por la cocción simplemente se bombea fuera del edificio.

Enjay, una start-up de Malmö, en el sur de Suecia, dedicó sus primeros años a una pregunta distinta: ¿y si el intercambiador se diseñara para aire sucio? Su respuesta, Lepido, es más grande que una unidad convencional y está construido de modo que la grasa y el hollín fluyan alrededor de las bobinas metálicas que transfieren energía, en lugar de depositarse sobre ellas. El aire caliente pasa entonces por unas tuberías que transportan agua fría, calentándola para su uso en el edificio.

La economía fue lo que vendió el producto. Una franquicia de Burger King en Malmö que probó Lepido en 2016 ahorra el equivalente a unos 16.000 dólares al año en facturas de calefacción; Nils Lekeberg, cofundador de Enjay, afirma que un restaurante medio puede reducir hasta un 90% sus facturas de calefacción y su huella de carbono en 30 toneladas al año. Tras salir a la venta en 2018, Lepido se extendió a unas 25 franquicias de Burger King en Suecia, Noruega y Dinamarca, además de cocinas de escuelas y hoteles en los países nórdicos y el Benelux; y tras la crisis energética, las consultas a principios de 2023 quintuplicaron el nivel de un año antes.

No filtrar la grasa, sino remodelar y redimensionar el intercambiador para que la grasa y el hollín fluyan alrededor de las bobinas, y luego usar el calor recuperado para calentar el agua del edificio.

El intercambio de calor es equipo industrial de manual; la grasa de cocina se trataba como una ley de la naturaleza que lo hacía imposible. Cuestionar esa suposición abrió un mercado que todos los restaurantes estaban literalmente ventilando.

El mecanismo es física honesta, no marketing: las partículas pasan junto a las bobinas, el calor se transfiere igualmente y el sistema de agua existente del edificio hace el resto.

Una amortización en menos de dos años significa que la decisión de compra se basa en aritmética, no en sentimiento ecologista, y por eso el primer cliente fue un franquiciado de comida rápida, no un pionero ecologista.

Cuando un contaminante ensucia una solución clásica, la solución es la geometría, no la filtración. Enjay diseñó en torno a la grasa en lugar de combatirla, y el mayor residuo de la industria se convirtió en su calor más barato.

Lepido está instalado en unas 25 franquicias de Burger King en Suecia, Noruega y Dinamarca y en cocinas de escuelas y hoteles en los países nórdicos y el Benelux, con pruebas en curso en el Reino Unido en un Burger King de Welwyn Garden City y en restaurantes Turtle Bay de Salford y Birmingham. Un rival británico de cuatro personas, Dext, desarrolló con Nando's un intercambiador de calor para aire sucio similar, que ya está en 14 restaurantes, prueba de que el mercado que Enjay detectó es real.

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Las fuentes

  1. Why there is serious money in kitchen fumes BBC News · bbc.com ·