Cuando Uber vendió Jump a Lime en mayo de 2020, Lime no quería México —el robo de sus patinetas eléctricas en ese mercado lo había vuelto intolerable— y Uber comenzó a destruir cientos de bicicletas con motor en la Ciudad de México. Bicitekas, una organización sin fines de lucro que promueve el ciclismo, se acercó a Uber y ofreció pagar un peso simbólico, unos cinco centavos de dólar, por cada bicicleta destinada a ser destruida. El acuerdo alcanzado incluía condiciones: se retirarían las baterías de iones de litio intercambiables de Uber y no se replicaría la tecnología.
La conversión recayó en Kristel Paredes Álvarez, una ex mecánica de Jump contratada para dirigir el departamento de mecánica de Bicitekas. La tecnología de las bicicletas era enteramente china y no había piezas disponibles en México, ni siquiera los focos, así que el equipo trabajó por ensayo y error: desarmar el cuadro para llegar a los cables, extraer el motor de 250 vatios, el controlador de interfaz —el 'cerebro' de la bicicleta— y el candado, dejando intacto el sensor de asistencia al pedaleo, y remendar el cuadro donde habían estado el motor y la batería. Cada bicicleta quedó 10 kilos más ligera; 40 bicicletas tomaron una semana, unas tres horas cada una.
Las primeras 500 conversiones, llamadas Bicicatarinas, se prestaron a la alcaldía de Azcapotzalco, donde ayudan a mujeres emprendedoras a repartir mercancías por la ciudad. Los ingresos por préstamo de 104.000 dólares al año, combinados con las reparaciones y la venta de refacciones, financian el trabajo en las aproximadamente 1.100 bicicletas que siguen en almacén. Paredes también probaba la reelectrificación sin la tecnología de Uber —las pruebas con la marca mexicana Mastretta funcionaron bien pero costaban demasiado, con una batería nueva de unos 350 dólares por bicicleta.
Comprar la flota condenada a un peso por bicicleta, retirar las baterías y los cerebros cuya replicación prohíbe la licencia, y prestar lo que queda para pagar la conversión del resto.
Un precio de un peso por bicicleta convirtió un costo de desecho para Uber en una transferencia de activos para la organización sin fines de lucro: no quedaba nada que negociar.
Aceptar la condición de no replicación significó retirar exactamente las piezas que hacían las bicicletas caras, propensas al robo y sin soporte en México.
Prestar las bicicletas convertidas a una alcaldía generó 104.000 dólares de ingresos anuales más ingresos por refacciones, haciendo que las conversiones restantes se autofinanciaran.
La ingeniería inversa usó solo habilidad mecánica de ensayo y error sin cadena de suministro china, así que nada dependió de los proveedores de Jump.
El pasivo de un activo vive en su electrónica licenciada y propensa al robo, no en su cuadro: despoja lo que lo hace riesgoso y el cascarón puede pagar su propia segunda vida.
Para octubre de 2021 se habían convertido y prestado unas 500 bicicletas a Azcapotzalco como Bicicatarinas; aproximadamente 1.100 permanecían en almacén a la espera de fondos. Paredes siguió experimentando con kits de bicicletas eléctricas de terceros, incluido el de Mastretta, para reelectrificar la flota sin la tecnología de Uber.
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Las fuentes
- Bicitekas is saving Uber Jump bikes in Mexico Rest of World · restofworld.org ·