Cuando la trabajadora financiera de Miami Mara Varona se hizo la prueba de cribado genético prenatal en sangre de Natera, la empresa le envió un correo electrónico y un mensaje de texto con una oferta: pagar su «precio en efectivo por pago inmediato» de 349 dólares y prescindir por completo del seguro, alegando que ella parecía estar fuera de la red y que el seguro probablemente le costaría el saldo de su deducible más entre 100 y 200 dólares. No vio las ofertas a tiempo, dejó que la factura pasara por el seguro y, meses después, recibió una factura de 750 dólares, su deducible no cubierto, después de que Natera cobrara a su aseguradora 4.480 dólares. La aseguradora pagó 45 centavos.
Su salida llegó de un hilo de Reddit donde otras mujeres compartían el consejo: llamar a Natera y pedir pagar la tarifa en efectivo en lugar de usar el seguro. Natera afirma que «fue una de las primeras del sector en adoptar este enfoque proactivo», estimando los costos antes de facturar al seguro y ofreciendo la tarifa más baja siempre que un paciente esté fuera de la red o la estimación supere el precio en efectivo.
La dinámica es sistémica, no una rareza de Natera. Un estudio de JAMA Network Open de 2021 encontró que, en la mitad de los hospitales encuestados, los precios en efectivo eran más bajos que el precio medio negociado con las aseguradoras; la coautora Ge Bai, de Johns Hopkins, descubrió que el seguro habría triplicado el costo de la prueba de sangre de su hijo: «esto destruyó mi fe» en que las aseguradoras negocien mejores precios. Tras una norma federal de 2021 que obligó a los hospitales a publicar sus precios, los investigadores encontraron que los pacientes que pagan en efectivo a menudo pagan menos que los asegurados por pruebas de laboratorio, radiografías e incluso reemplazos de articulaciones.
La explicación de Bai tiene tres partes: los proveedores aplican descuentos por pago en efectivo porque se ahorran el papeleo del seguro y el pago diferido; los clientes que pagan en efectivo comparan precios; y las aseguradoras pueden quedarse con hasta el 20 % de las primas para administración y beneficio, de modo que un menor gasto médico puede en realidad reducir los ingresos de una aseguradora, y por eso «no se puede confiar en que las compañías de seguros nos consigan los precios más bajos».
El seguro no es un descuento: los costos administrativos, los clientes que pagan en efectivo y una norma que permite a las aseguradoras quedarse con el 20 % de las primas hacen que el precio en efectivo sea a menudo el precio más barato.
El núcleo contraintuitivo —pagar en efectivo supera al seguro para la misma prueba— se cuantifica en una sola factura: 4.480 dólares facturados, 45 centavos pagados, 750 dólares adeudados por el paciente frente a una oferta en efectivo de 349 dólares.
Natera puso en práctica la idea en lugar de limitarse a padecerla: estimaciones proactivas y una oferta en efectivo convierten una trampa de facturación en una elección revelada.
La laguna del 20 % del índice de siniestralidad médica es el motor no evidente: las aseguradoras pueden perder ingresos cuando la atención cuesta menos, lo que debilita su incentivo para negociar con firmeza.
El patrón se generaliza más allá de una sola empresa: la investigación posterior a la norma de transparencia encuentra que el efectivo es más barato que las tarifas negociadas en la mitad de los hospitales.
En un mercado de precios negociados, tanto el precio de lista como el precio asegurado son ficciones negociables; la cifra honesta es la que un paciente paga directamente, el mismo día.
Varona encontró la solución de la tarifa en efectivo a través de Reddit; NPR informó de la historia en agosto de 2025. Sus aseguradoras se negaron a explicar el pago de 45 centavos. Natera no respondió a las preguntas sobre con qué frecuencia ofrece estimaciones, y la fuente señala que la práctica se está extendiendo entre los hospitales que publican precios en efectivo.
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