Dentro de un complejo de apartamentos de 80 años en Brooklyn, la calefacción de vapor siempre había sido crónicamente incómoda: los apartamentos de los pisos superiores alcanzaban los 90 grados incluso con las ventanas abiertas en un frío día de enero, mientras que los pisos inferiores nunca se calentaban lo suficiente. En los últimos años, los edificios adaptaron el sistema Cozy de Kelvin —un recinto aislante alrededor de cada radiador antiguo con un sensor y un pequeño ventilador— y los inquilinos obtuvieron control mediante una aplicación sobre su propia temperatura. El consumo de energía medido cayó un 43 %.

El CEO Marshall Cox diseñó Cozy hace más de una década para hacer frente a su propio apartamento sobrecalentado, y su planteamiento es financiero: vías de descarbonización que una empresa elegiría incluso sin legislación. El obstáculo que ataca es el ciclo de sustitución: con las calderas, la gente no las sustituye hasta que mueren, y una caldera muerta en pleno invierno significa un cambio de emergencia por otra unidad de gas, porque las bombas de calor necesitan perforaciones en las paredes, mejoras en el cableado y protección contra el frío.

El plan de Kelvin para 2024 se suma a la adaptación: combinar Cozy con bombas de calor de ventana de bajo costo que solo funcionan por encima del punto de congelación (evitando el hardware de protección contra el hielo), respaldadas por baterías térmicas que se cargan por la noche y pueden generar pagos de las empresas de servicios públicos por reducir la demanda en horas punta, ingresos que ayudan a cubrir la instalación. Cozy se mantiene como el sistema para el frío y de respaldo, y los datos que recopila permiten a Kelvin diseñar de antemano el sistema totalmente eléctrico final de cada edificio, de modo que cuando la caldera finalmente muera, no sea una emergencia.

No esperes a que la caldera muera: envuelve cada radiador en un recinto aislante con sensor y ventilador para que la calefacción de vapor se vuelva controlable habitación por habitación mientras la antigua instalación sigue funcionando

Escapa de la trampa de sustituir solo cuando hay un fallo: con un calefactor en funcionamiento en cada apartamento, la eventual muerte de la caldera deja de obligar a otra compra de gas.

El desperdicio estaba en el control, no en la generación: uniformar el calor corrigió tanto los pisos superiores a 90 grados como los fríos, consumiendo un 43 % menos de energía.

Las baterías térmicas que se cargan fuera de las horas punta convierten el sistema de calefacción en ingresos por respuesta a la demanda que compensan el costo inicial.

Los inquilinos obtienen por primera vez el control directo de su propia temperatura, lo que hace que la adaptación sea políticamente fácil en edificios ocupados.

Los datos operativos de miles de horas de radiador se convierten en la base de ingeniería para dimensionar el sistema final de bombas de calor.

El paso más barato a menudo no es sustituir la instalación, sino hacerla controlable. Los ahorros que pagan la adaptación, más un primer termostato para los inquilinos, compran el tiempo y los datos que necesita la electrificación.

Un acuerdo de financiación de 100 millones de dólares anunciado con el plan de marzo de 2024 ayuda a los propietarios de edificios a pagar las instalaciones. La ley de emisiones de Nueva York para edificios grandes entró en vigor en 2024 con límites estrictos para 2030, y Washington D. C. tiene una ley similar, lo que da a los propietarios una fecha límite; Kelvin se dirige a edificios que quieren reducir carbono primero por razones financieras, combinando adaptaciones Cozy con bombas de calor y baterías térmicas.

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Las fuentes

  1. This clever radiator hack can make your 100-year-old heating system more efficient Fast Company · fastcompany.com ·