La Ámsterdam del siglo XVII era probablemente la ciudad más rica de la tierra, llena de cortinas iluminadas por velas, brea, alquitrán y refinerías de azúcar; sin embargo, escapó de una conflagración al estilo del Gran Incendio de Londres, no porque su sistema contra incendios fuera sólido, sino porque un pintor lo reconstruyó. En 1669 una refinería de azúcar se redujo a cenizas pese a las 60 bombas Hautsch de Núremberg de la ciudad, con un costo de 195.000 guilders; en 1672 un incendio en la imprenta de Joan Blaeu —la mayor del mundo— destruyó edificios, planchas y existencias por valor de 382.000 guilders.
Jan van der Heyden, el 'Canaletto holandés' que ya había iluminado la ciudad con 1.800 faroles como director de las luces municipales, y su hermano Nicolaas rediseñaron la bomba: una manguera de succión de cuero que la alimentaba de forma continua en lugar de una brigada de cubos, una larga manguera flexible en forma de 'serpiente' que llegaba hasta lo profundo de los edificios, y una cámara de aire para un flujo continuo a alta presión. El concejo comenzó a adaptar el equipo en noviembre de 1672, y un incendio en el puerto ese invierno zanjó la discusión: una sola bomba nueva, que llegó tarde, preservó todo lo que aún seguía en pie; fue el último incendio combatido con bombas sin modificar.
En 1681 los burgomaestres ordenaron bombas para los sesenta distritos e hicieron que los hermanos redactaran el reglamento: normas 'plagadas de incentivos de mercado', como lo expresó el historiador Peter Molloy: los vigilantes que no avisaban a los bomberos pagaban las multas de estos, los hogares que combatían incendios antes de dar la alarma eran multados, y las tres primeras compañías en llegar al lugar ganaban dinero. Según el relato de los Van der Heyden, que según la revista ningún contemporáneo habría podido falsificar: de 1682 a 1687 Ámsterdam tuvo 41 incendios con pérdidas de 18.353 guilders, menos del uno por ciento de las pérdidas de 1670 a 1681.
Succión continua, una manguera flexible en forma de 'serpiente' que llegaba hasta el foco del incendio y premios en efectivo para las primeras cuadrillas en el lugar: ingeniería e incentivos reconstruidos como un solo sistema.
Los cambios en el dispositivo eran inseparables del sistema operativo: las mangueras sin alarmas ni premios por llegada se habrían quedado en equipo mojado.
Una demostración zanjó la adopción: la llegada tardía de la nueva bomba al incendio del puerto fue una prueba pública e irreversible de la diferencia.
Los incentivos cubrían cada eslabón de la cadena: la notificación, la velocidad de despacho y la respuesta de las cuadrillas se pagaban o se multaban.
La traducción histórica acredita el enfoque como uno de los primeros casos de lo que hoy se llama análisis de sistemas.
Inventar el despliegue, no solo el dispositivo: una mejor bomba solo gana cuando la velocidad de respuesta, las alarmas y los incentivos se rediseñan en torno a ella; 'análisis de sistemas' dos siglos antes del término.
Para 1682 Ámsterdam operaba nuevas bombas, nuevas normas y nuevas cuadrillas en los sesenta distritos; las pérdidas en los cinco años siguientes cayeron a menos del uno por ciento de las de la década anterior. El libro de Van der Heyden sobre las bombas, con estimaciones de costos antes y después, circuló tanto como crónica como marketing; su sistema de alumbrado público funcionó en paralelo bajo su propia dirección.
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Las fuentes
- How Amsterdam invented the fire department Works in Progress · worksinprogress.co ·