En las localidades amaziges del suroeste de Marruecos, los pozos estaban secos o tardaban en rellenarse y las lluvias eran mucho menores que 25 años antes. Las mujeres dedicaban hasta 3,5 horas al día a acarrear agua desde el pozo más cercano; las ancianas pasaban sed porque daban el agua a los niños, a los mayores y a los animales. La niebla, entretanto, se veía como una molestia: una fuente de humedad, enfermedad y exceso de agua.

Dar Si Hmad, una organización que atiende a comunidades vulnerables del suroeste de Marruecos, comenzó a trabajar allí en 2006, erigiendo redes de niebla cuya malla condensa las gotas de las nubes bajas en contenedores. Pero las mujeres se mostraban reticentes: como guardianas de los pozos y proveedoras de agua de la comunidad, tenían estatus y autonomía, y poner el agua «en la comunidad» significaba quitarles parte de ese control, recuerda la cofundadora Jamila Bargach.

La solución fue organizativa más que técnica. Los hombres locales construyeron e instalaron las redes, pero las mujeres decidían cómo recoger, distribuir y usar el agua, y quedaron a cargo de cuidar las redes cada día. La niebla que había sido una molestia se convirtió en «un salvavidas», dice Bargach: el agua abastece ahora a los hogares, a la escuela local y a la agricultura, y las horas recuperadas se destinan al trabajo en los olivares.

Las redes fueron la parte fácil. La adopción solo funcionó cuando las mujeres que habían custodiado los pozos conservaron su estatus, al operar el sistema de niebla.

Las redes fracasaron inicialmente en lo social, no en lo técnico: la tecnología amenazaba al único grupo cuya aceptación era más importante.

El acarreo desde el pozo también tenía valor social —reuniones entre mujeres, enseñanza a la generación más joven— que una implantación puramente técnica ignora.

Dar a las mujeres el papel de operadoras las convirtió de guardianas escépticas en propietarias, y el sistema se extendió más allá de los hogares a la escuela y a las fincas.

Antes de instalar una nueva tecnología, hay que identificar quién tiene estatus en el sistema antiguo y luego darle el papel de operador en el nuevo. El control, no la caridad, es lo que hace que la adopción perdure.

Bargach afirma que las redes han empoderado a las mujeres de la comunidad, y que éxitos similares de captación de niebla han seguido en Namibia, Bolivia y Chile. Con la sequía agravándose —«muchas menos lluvias que hace 25 años»—, el suministro de niebla no ha hecho sino volverse más valioso para las localidades.

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Las fuentes

  1. The ethereal art of fog-catching BBC Future · bbc.com ·