Tras las brechas catastróficas de Equifax —los registros de 143 millones de estadounidenses, cifra posteriormente revisada al alza por encima de los 145 millones— y de Yahoo, el ingeniero de seguridad Diogo Mónica puso nombre a una arquitectura que había construido años antes: los 'anclajes criptográficos'. Mónica y su colega Nathan McCauley implantaron el sistema en la empresa de pagos Square antes de trasladarse en 2015 a la empresa de software empresarial Docker.
Normalmente el servidor web debe custodiar la clave de la base de datos para funcionar, de modo que quien secuestra el servidor la hereda; aproximadamente así se cree que actuaron los atacantes de Equifax. Con un anclaje criptográfico, la clave reside únicamente en un Módulo de Seguridad de Hardware reforzado que descifra cada registro a petición y se autorregula en velocidad. Incluso a un millón de consultas al día, vaciar los números de la Seguridad Social de Equifax llevaría más de seis meses de presencia continua. El hashing tampoco rescata un diseño convencional: con menos de mil millones de números de la Seguridad Social posibles, los hashes robados pueden cotejarse sin conexión con toda la calma.
'El concepto central es garantizar que tus datos no solo estén cifrados, sino que la única forma de descifrarlos, acceder a ellos u operar con ellos esté físicamente en tu centro de datos', dijo Mónica. 'Si alguien compromete mi base de datos, si se filtra, no sirve de nada a menos que esté dentro de mi red'. Haroon Meer, fundador de la empresa de seguridad Thinkst, resumió el atractivo: 'Les obligas a jugar en tu terreno, así que los ves venir'.
La configuración no estaba muy extendida en 2017, pero funcionaba donde importaba. Además de la implementación de Square, Mónica dijo que ingenieros de Facebook y Uber le habían contado en privado que ejecutaban algo similar, y el criptógrafo de Johns Hopkins Matthew Green afirmó haber asesorado a varias grandes empresas tecnológicas sobre versiones de la misma: 'pan comido' para los diseñadores de seguridad, 'novedoso en el sentido de que muy pocos lo hacen realmente'.
No se puede mantener a los intrusos fuera, así que controla lo único que necesitan para llevarse algo: haz que cada descifrado pase físicamente por un dispositivo separado cuya velocidad tú fijas.
Las aplicaciones en tiempo real deben descifrar bajo demanda, por lo que el cifrado clásico coloca la clave en el mismísimo servidor web que los atacantes comprometen primero.
El hashing por sí solo falla frente a espacios de claves pequeños: los números de la Seguridad Social pueden someterse a hashing exhaustivo sin conexión y cotejarse con los hashes robados.
Encaminar cada descifrado a través de un único HSM reforzado hace que la clave no pueda descargarse físicamente y limita por hardware la velocidad de salida de datos.
El precio —centésimas de segundo por petición— compra un reloj de exfiltración contado en meses, todo ello visible para los defensores.
Diseña para la exfiltración, no solo para la entrada: la velocidad es el recurso que controla un defensor. Un cuello de botella propio convierte una brecha silenciosa en un asedio lento y ruidoso.
A finales de 2017, Mónica afirmaba que 'todo equipo de ingeniería de seguridad realmente bueno está usando alguna forma de esto', citando confirmaciones privadas de ingenieros de Facebook y Uber. Los proveedores de HSM Gemalto y Thales llevaban años haciendo posibles este tipo de configuraciones, y las versiones en la nube —CloudHSM de Amazon, Azure Key Vault de Microsoft— pusieron las piezas al alcance de empresas corrientes. Mónica no podía prometer que los anclajes criptográficos habrían detenido a Equifax, cuya ruta de ataque seguía siendo difusa, pero sostenía que habría ralentizado al atacante y reducido el botín.
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Las fuentes
- 'Crypto Anchors' Might Stop the Next Equifax-Style Megabreach WIRED · wired.com ·